viernes, 5 de agosto de 2011

Ensayo sobre prospectiva

El desarrollo en Chile: una tarea pendiente. La necesidad de construcción de una planificación estratégica prospectiva. Reflexiones personales

En los últimos años se ha dicho hasta el hartazgo que Chile está muy por encima de la mayoría de los países de América Latina. Y aparentemente así es. Sin embargo, estamos muy por debajo de los países con altos niveles de desarrollo humano, con los cuales poco o nada compartimos. Las respuestas políticas a esos indicadores son las más variadas, desde “tienen muchos más recursos disponibles”, “hasta tienen cientos de años de historia más que nuestro país”.
En estas ideas sueltas iniciales, ¿qué tiene que ver la anticipación estratégica de conflictos?
Pues mucho, pues la actual realidad sociopolítica está bastante convulsionada. En los últimos meses han sido muchas las marchas, pero lo más sintomático ha sido la masividad de las mismas y los asuntos públicos que las han convocado también. Desde las tradicionales demandas por educación y salud hasta temas emergentes como derechos de las “minorías” sexuales, la oposición a la construcción de una Central Hidroléctrica en Aysén. Otros asuntos -hasta hace poco tiempo- invisibles como la renacionalización del cobre. Y las manifestaciones de protestas ante la tardanza en la reconstrucción.
El actual gobierno, el primero de derecha después de 20 años del “fin” de la dictadura, y el primero en Chile en obtener la mayoría absoluta representando a partidos de derecha, ha debido enfrentar un escenario inédito desde la dictadura: masivas marchas y protestas, pero ahora con mucho más contenido político y cuyos manifestantes haciendo referencias a cambios institucionales: cambios a la Constitución de 1980 y Renacionalización del Cobre para recuperar la gran minería del cobre para el Estado.
El escenario que tuvimos por 20 años en el cual todo estaba bien y las críticas eran acalladas drásticamente, parece terminar. Los tiempos históricos son diferentes a los cronológicos, pues se trata de procesos más bien lentos cuyo comienzo se diluye en el pasado y se acrecienta hacia el futuro.
Sólo posiciones políticas más extremas podrían haberse anticipado a lo que ocurriría. Ningún político se abría atrevido a anticipar lo que sucedería, por lo cual la política tradicional de estos años pasados no ha tenido la respuesta pertinente o asertiva capaz de proponer las soluciones o alternativas para salir de esta situación que ya lleva más de dos meses y con pocas luces de concluir, al menos en su carácter movilizador.
¿Es que nuestros políticos carecen de herramientas prospectivas? ¿Ignoran las bondades de la planificación estratégica? ¿No están leyendo los tiempos que corren? ¿Son incapaces de identificar los conflictos incipientes y los emergentes?
A la luz de lo que estamos viviendo, no. Pero ¿es esta la única posibilidad? O es que están situados en una posición inflexible e irreflexiva que les impide comprender los nuevos vientos que soplan.
Al margen de nuestra posición al respecto, las encuestas son claras respecto del pensamiento de la ciudadanía. En una encuesta publicada por La Tercera el 1 de agosto de 2011, el 72% de los consultados apoya las movilizaciones estudiantiles y la cifra sube a 74% de apoyo a pesar de que sus hijos están en colegios particulares. Respecto del apoyo al ex ministro de educación Joaquín Lavin, según la última encuesta Adimark publicada el 2 de agosto de 2011 bajó a 36%, siendo el ministro peor evaluado. Ciertamente, las encuestas no necesariamente reflejan la calidad del trabajo desarrollado. Pero en el asunto de la educación las movilizaciones de alguna manera son el reflejo del desempeño realizado en materia de política pública por parte del actual gobierno. Esta misma encuesta refleja el sentir de los consultados, con un margen de error del 3%: solo el 20% aprueba la labor desempeñada en este ámbito.
El nuevo ministro de educación, Felipe Bulnes señala que no se puede obtener todo lo que se pide y que rechazar la propuesta entregada por el Mineduc "sería una mala noticia, no para el gobierno, sino para el país y la educación".
Por su parte el Congreso, también ha estado rezagado del debate, considerando que es allí donde nacen las leyes que gobernarán a la sociedad. En el parlamento están presentes las fuerzas políticas legales existentes en nuestro país, con excepción de dos partidos políticos (Humanista e Izquierda Cristiana). Dichas fuerzas políticas representan las principales corrientes político-ideológicas predominantes –aunque nos las fuerzas ciudadanas-. La síntesis del conflicto es aceptación o prohibición del lucro en la educación. Y en el parlamento las posturas también se expresan en ese sentido, con el factor adicional que son muchos los intereses que defienden el lucro, relativizando la importancia de ello.
En nuestro país, la Constitución establece claramente quien puede diseñar políticas públicas, entendido su diseño y presupuestación: el Presidente de la República. En diversas ocasiones se han convocado comisiones de expertos que presenten propuestas en ese ámbito. Pero a nuestro juicio, ninguna de dichas propuestas, al menos en el ámbito de la educación ha sido eficaz. No han tenido sustentabilidad social.
En lo que va de este gobierno, se han hecho a lo menos dos propuestas que abordan la temática educativa. Y los resultados están a la vista.

¿Prospectiva?
La prospectiva es una herramienta metodológica que nos permite reflexionar y proponer respuestas en un mundo complejo. Hay al respecto dos corrientes: una que indaga el futuro solo para conocerlo y otra que lo indaga para transformarlo. Pero la transformación no puede hacerse desde las cúspides, cuando ello ocurre, queda al margen la sociedad y generalmente las decisiones tomadas son ineficaces, ineficientes, no son sustentables socialmente. En América Latina ha surgido una nueva corriente, la prospectiva social. La diferencia la hace la ciudadanía, dotada de los instrumentos necesarios para que construya su propio futuro.
La prospectiva social se hace cargo de la posibilidad de construir futuro, porque el futuro se construye. El punto es quién o quiénes lo construyen: los pueblos, los ciudadanos o las cúpulas políticas y empresariales. Por lo tanto, la prospectiva social no es un ejercicio meramente mental, es la convicción de que podemos a través de nuestras acciones construir la sociedad en la que queremos vivir, en la soñamos vivir, en la que nosotros, hijos y nietos vivirán.
En la base de la prospectiva social encontramos dos conceptos imprescindibles:
Libertad para decidir el futuro que queremos y
Poder para actuar en la construcción del mismo.
Las herramientas prospectivas están asociadas a identificar el futuro que se quiere construir –futuro probable-. Luego se analizan los escenarios posibles para identificar los problemas o dificultades con más claridad e identificar la mejor estrategia posible.
La prospectiva social, también nos orienta sobre la planificación estratégica. Señala dos etapas: el diagnóstico y la elaboración estratégica. El aporte metodológico prospectivo es contemplar las posibilidades (positivas y negativas) y las alternativas, las cuales siempre deben contemplar la prevención de conflictos y la gestión de riesgos. Esta metodología implica que debemos contemplar la mayor cantidad de alternativas posibles para hacer frente a la diversidad de dificultades que nos encontraremos.
La planificación prospectiva involucra tres etapas: conocer, diseñar y construir. Conocer engloba la identificación y conformación de los futuros posibles a partir de información diversa y dispersa provenientes de múltiples fuentes. Diseñar consiste en elaborar modelos de realidad ente las cuales habrá que tomar decisiones y la identificación inteligente, razonada y consensuada del mejor escenario posible (“futurible”). La etapa Construir: a partir del “futurible” se evalúa su pertinencia, se comprometen los actores sociales y se cumplen los compromisos establecidos, dando seguimiento y adecuación permanente de este proceso.
Esta planificación se hace en una doble dinámica: de una reflexión compartida y muy participativa (conocer las necesidades y deseos sociales) a una reflexión estratégica (diseñar/interpretar el futuro deseable y posible) que se itera al volver a la reflexión compartida al pasar a la acción (la construcción de un futuro aceptado por todos).
Otro asunto fundamental es evitar crisis o conflictos o resolverlos pacíficamente (negociación y mediación). De allí que el planteamiento ante el conflicto formule tres preguntas claves: ¿Cómo prevenirlo? ¿Cómo administrarlo? ¿Cómo resolverlo? Se aconseja recurrir a ciertos principios de negociación y mediación.

La ausencia de prospectiva en educación
Muchos deben estar preguntándose en estos días ¿qué pasó en Chile? ¿podremos como país salir de estas conflictividades sociales mejor de lo que estábamos antes de que comenzaran? ¿podemos explicar lo que está sucediendo en el hecho de que haya ganado la derecha el gobierno?
Estás interrogantes no se vinculan directamente con la administración pública. Sí sus consecuencias. En el caso particular de la educación, muchas de las medidas propuestas sí incidirán en ella. Y mientras más profundos sean los cambios más la afectarán. Por tanto es deber de los funcionarios asociados a la educación comenzar a reflexionar prospectivamente en la búsqueda de los mejores escenarios posibles para sí mismos como grupos de interés.
Sin embargo, a la luz de las propuestas entregadas por el Mineduc, y especialmente a las demandas del movimiento social, lo que se requiere es una planificación estratégica que no vea la educación sectorialmente, pues ella es una política pública transversal que potencialmente es la base del desarrollo aún pendiente de Chile.
Desde esta perspectiva, Chile se parece profundamente a sus vecinos latinoamericanos. Los países se desarrollan porque son capaces de pensarse estratégicamente definiendo sus objetivos y las estrategias que seguirán para alcanzarlos. Se trata de pensarse como sociedad y no como economía en crecimiento que mejora determinados aspectos dejando tras de sí enormes desigualdades.
Una de las principales carencias que aún percibimos respecto del problema de la educación, es que se sigue concibiendo como un asunto de superación personal, teniendo como principal leit motiv el problema del lucro. Aún está entendido desde una perspectiva liberal, es decir como un tema individual, pero con un importante componente social. Hay un acuerdo implícito mayoritario de que es al Estado a quien le corresponde la responsabilidad de entregar educación a los ciudadanos, desde proveerla hasta entregar los principales lineamientos. Sin embargo, haciendo un poco de memoria, en las décadas iniciadas en 1939, con el triunfo del Frente Popular, se comprendió que la educación era un factor relevante para el desarrollo del país, asociado a la industrialización. El Estado fue entonces el motor para superar las tradicionales condiciones de atraso económico, social y cultural. Las políticas públicas, podríamos afirmar que fueron estratégicas, particularmente en educación: construcción de escuelas, apoyo a la formación docente a través de lo cual miles de chilenos fueron formados como profesores en las escuelas normales a las cuales concurrían fundamentalmente jóvenes provenientes de sectores populares. En ese proceso, además, se fortalecieron las universidades nacionales, dependientes todas del Estado, las cuales en la década de los ’60 alcanzaron relevancia internacional, siendo focos de atracción para otros países latinoamericanos (cabe relevar que en Chile surgió una importante corriente de pensamiento, la Teoría de la Dependencia y el Desarrollo en América Latina). Todo lo cual implicó la masificación de la educación avanzándose hacia la obligatoriedad de la educación primaria o básica, lográndose estándares internacionales de alfabetización que aún se mantienen, pues hasta en los lugares más apartados hay una “escuelita” aun cuando sea para dos o tres alumnos.
El movimiento social por la educación ha demostrado, sin embargo, el estancamiento sufrido por la educación en Chile, pauperizando sus estándares. El sistema mixto de educación nos ha conducido a un estado actual de cosas que no hacen sino constatar que la calidad empeoró. Y en un tema tan relativo como la evaluación de la calidad son múltiples los análisis que nos demuestran que sí empeoró la calidad.
Y las causas son múltiples.
Al mismo tiempo, podríamos ver como una causa de ello, el que no se asocie directamente la calidad de la educación con el desarrollo de nuestro país.
Con la instalación del paradigma del emprendimiento personal para la superación de la pobreza, que esconde el viejo paradigma del capitalismo a ultranza. La orientación emanada de los acuerdos de Washington, han mercantilizado aspectos considerados en la primera mitad del siglo XX como derechos, que el Estado debía garantizar, América Latina introdujo las reformas neoliberales en las últimas décadas del siglo XX respecto del equilibrio macroeconómico tendiente a controlar el gasto público y generando superávit fiscal, con lo cual se permitió y facilitó la entrada de actores privados en la gestión y provisión de dichos derechos sociales. Se iniciaron particularmente en Chile las grandes privatizaciones, en el marco de una nueva constitución promulgada ilegítimamente en 1980. Con ese marco, se inició una nueva etapa económica, con enormes repercusiones sociales. Esta nueva etapa económica, se ha caracterizado por un crecimiento económico sin parangón, que en la década de los ’90 permitió que algunos definieran a Chile como “jaguar latinoamericano”, pero que no fue más que un espejismo que ha escondido la acentuación de la desigualdad, expresada en una conclusión reciente: el 5% más rico de Chile es comparable con los países del primer mundo y el 60% más pobre tiene un ingreso mínimo promedio inferior al de Angola (Datos entregados por Marcel Claude, economista y académico de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile), al mismo tiempo el ingreso per cápita del 10% más rico es 78 veces superior al del 10% más pobre (según Andrés Velasco, ex ministro de hacienda, economista de expansiva).
En este contexto, es evidente que el crecimiento económico agudizó las contradicciones de nuestro país. Y si bien es cierto, por más de veinte años muchos creyeron en ese espejismo, el movimiento social ha hecho evidenciar la desigualdad económica, cultural, social y especialmente educacional.
Este fenómeno no es propio de Chile, pero en el ámbito educacional sí. La mercantilización de la educación nos ha llevado a extremos. El paradigma de que lo privado es más eficiente que lo público ha implicado diversas creencias, desde ya se ha deteriorado la calidad de la educación. Y este deterioro ha sido transversal.
Nuestro país se estancó en la generación del conocimiento. Y mientras no se comprenda que para alcanzar verdaderos estándares de desarrollo, la educación irá por un camino y la economía por otro muy diferente.
Y en ello, la Cepal ha sido clara. Analizando el avance especialmente de los países de Asia Oriental, que hace cincuenta años tenían niveles similares en la economía, ha señalado que el punto de inflexión se produjo cuando los Estados asiáticos comprendieron la importancia fundamental de la educación.
A nivel mundial, los avances en Investigación y Desarrollo han permitido alcanzar importantes logros económico-sociales, de tal modo que frente a ellos, no podemos sino reconocer la significación de ello para las sociedades respectivas.
“Una visión de futuro debe ser estructurada, realista y trasformadora… debe explorar alternativas de cambio e innovación frente a las estructuras actuales, sin que ello equivalga a plantear quimeras, ilusiones o sueños evanescentes” (Manual de prospectiva y decisiones estratégicas: bases teóricas e instrumentos para América Latina y El Caribe. Javier Medina y Edgar Ortegón. Ilpes, 2006).
La estrategia de crecimiento debe considerar transformar las ventajas comparativas en competitivas. Para ello es requerido otorgar importancia a educación, ciencia, tecnología e innovación, infraestructuras de información y régimen institucional e incentivos económicos. Sintonizar una nueva agenda del desarrollo a nivel internacional, dando mayor prioridad a la transformación productiva y social. Avanzar hacia un nuevo modelo productivo basado en el desarrollo tecnológico y la innovación, para lo cual se necesita fijar metas elevadas en diversas materias que requiere nuevos arreglos institucionales para acelerar el desarrollo de las capacidades nacionales. Al mismo tiempo es imperativo enriquecer la visión de futuro del pensamiento económico imperante, complementándolo con métodos prospectivos, a través de elaboración de escenarios.
La Unesco comprende el rol central que tiene en la actualidad el conocimiento, así como la velocidad con la cual se expande. Para alcanzar un verdadero desarrollo, es necesario que se comprenda que los aprendizajes deben ser individuales y sociales de modo tal que se aumente el potencial de crecimiento económico y desarrollo humano, por tanto educación, ciencia, tecnología e innovación deben ocupar un lugar central y no periférico.
Ya algunos autores plantean el surgimiento de la socioeconomía del conocimiento, la cual tiene tres rasgos fundamentales: el conocimiento es clave en la economía global, hace la diferencia entre riqueza y pobreza; la creación y redistribución de la riqueza que permita la competencia de una sociedad hace necesario promover la redistribución del conocimiento; y la multiplicación o explosión del conocimiento aumenta la necesidad de masificar y dar pertinencia a la educación.


Concluyendo…
Teniendo en cuenta los aportes analíticos de Cepal-Ilpes, en el actual contexto social de Chile cabe preguntarse ¿Estarán pensando las autoridades en el factor clave que tiene la educación en el desarrollo del país?
A juicio de las propuestas del Mineduc, no. A juicio del nivel del debate, tampoco.
La historia social de nuestro país nos señala que no hay cambios estructurales sin movilización. Es un viejo paradigma de la izquierda y del centro político también. Pero no por viejo, pierde actualidad. El asunto es que creímos en el espejismo de que no necesitábamos transformaciones estructurales. Y el ápice estratégico no lo quiso ver. Están convencidos de que lo que requiere nuestro país es mantener el actual estado de cosas, que la Visión de construcción de país es la acertada. Se niegan a ver y comprehender la sociedad. Ha imperado la interpretación economicista de la sociedad, con todas sus falencias, con todos sus yerros, con todas sus desigualdades. El modelo económico neoliberal hace que el mundo empresarial maximice sus ganancias, su acumulación de las riquezas en el entendido de que la riqueza es el motor. Y que en la medida en que se maximizan los privilegios empresariales, se generará empleo, con lo cual se combatirá la pobreza.
El modelo económico chileno, se niega a innovar, entendiendo ello como mejorar las ventajas competitivas chilenas. La fragilidad de nuestra economía se evidencia en cada crisis económica mundial. Seguimos anclados a una economía basada en las exportaciones sin valor agregado, en la inversión basada en la apropiación de los recursos del mundo trabajador, provenientes de sus cotizaciones previsionales y no en la reinversión económica de su propio capital.
La Cepal contribuye a reflotar la idea de la industrialización en Latinoamérica. En Chile la industrialización no alcanzó a consolidarse, desapareciendo, prácticamente, en el marco de las premisas neoliberales. Al analizar la economía de los países asiáticos, éstos deben su crecimiento económico a la potenciación de la industria nacional, exportando sus productos. En el caso de los países nórdicos, deben su desarrollo económico a la incorporación de educación, ciencia, tecnología e innovación, alcanzando de este modo los más altos estándares respecto del desarrollo humano, siendo los países con menores desigualdades en el mundo.
Chile está muy lejos de esos estándares. Cuando se abren espacios al debate, se reducen los argumentos con consideraciones variopintas. Pero no se analiza en profundidad lo que se requiere.
No hay pensamiento prospectivo, no hay planificación estratégica prospectiva. Está aceptado social y políticamente que no hay posibilidades de cambios estructurales. Eso era así hasta la irrupción del movimiento social por la educación. Pero aun es insuficiente. No nos atrevemos a diseñar el futuro deseado. Es el camino difícil en la construcción social.
Los conflictos se agudizarán. Emanarán porque estamos situados sobre una superficie conflictiva. Colocados carentes de diseño estratégico, sin un plan de permita alcanzar lo que el Estado debe proveer: desarrollo humano. Es evidente que para ello, necesitamos acuerdos sociales, económicos y políticos que consideren que todos los actores son fundamentales. El viejo paradigma de la lucha de clases no quedó sepultado. Está vivo porque hay unos pocos que esconden sus intereses verdaderos tras un aparato institucional mundializado conveniente a sus deseos desproporcionados de acumulación de riqueza. De ese modo en Chile no habrá desarrollo. El aporte de la prospectiva social es que si el sueño existe, nosotros lo debemos construir. Para ello debemos convencernos que primero se requieren cambios estructurales, que el Estado como representación de los intereses de las mayorías debe ser motor y no carrocería. El parlamento y el gobierno deben actuar democráticamente diseñando la planificación estratégica que permita alcanzar el desarrollo nacional, generando las condiciones institucionales para el fomento de una educación pública, gratuita y de calidad garantizada por el Estado que promueva el conocimiento, la tecnología y la innovación en nuestra economía como elementos prioritarios, no solo desde una perspectiva economicista sin integrar el desarrollo humano que incluye los ámbitos de cultura, recreación, reflexión colectiva e individual, no valorizados por la corriente económica predominante.
Es el rol de ápice institucional que la ciudadanía les entrega tras cada elección.

Bibliografía
Guillermina Baena Paz. Aplicación de la prospectiva política. 2005
Guillermina Baena Paz. Técnicas de prospectiva Social. 2007
Guillermina Baena Paz. Prospectiva de las relaciones Estado-Sociedad. 2009
Javier Medina Gálvez y Edgar Ortegón. Manual de prospectiva y decisión estratégica: bases teóricas e instrumentos para América Latina y El Caribe, Ilpes, 2006

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